El Retrato

El Retrato de Fernando García Monzón

Por varias circunstancias el dibujo es una constante en mi vida. Además, me gustan los retos y quizás por eso y algún otro motivo, me dedico al retrato.

Pretende representar a una persona, y a menudo, solemos asimilarlo a una foto. Incluso llegamos a pensar que cuanto más se le parece mejor retrato es. Desde mi punto de vista, ese no es su fin, sino el principio.

Un retrato es más, bastante más. Una foto sólo congela un instante en la vida de una persona. Un retrato la resume y además debe reflejar sus circunstancias. Puede que incluso nunca responda a una foto concreta, pero debe transmitirnos mucho de la persona, hasta conseguir conectar con el espectador de forma que se sienta frente a un ser humano y no frente a su representación.

Quizás por deformación profesional, soy arquitecto, tiendo a ver el bosque antes que los árboles, y eso también se traslada a la hora de resolver un cuadro. Un retrato nace y se hace en la cabeza. Pero para llegar a ello, hay un primer proceso intelectual de estudio y síntesis de la persona, y un segundo proceso mecánico, consistente en realizar físicamente el dibujo. En el primero de ellos es donde el autor se “la juega”. Es el momento en que debe decidir que aspectos son relevantes y cuales debe obviar, como debe trasmitirlos al espectador, debe tener en cuenta el punto de vista, la iluminación, el entorno, etc,etc.

Después, el trabajo de dibujarlo no es más que el resultado de poner en papel lo que ya estaba en nuestra cabeza. Pero para que la mano lo transmita de forma fiel a nuestra idea, es fundamental dominar la técnica. Si no, nuestros límites condicionaran el resultado, algo que, aunque siempre sucede, en casos flagrantes puede llegar a invalidar el resultado.

Durante el proceso de dibujo, hay un punto de no retorno a partir del cual, el retrato empieza a tener vida propia. Debemos fijarnos que es lo que nos “dice” para saber que necesita y que le sobra. Es un equilibrio entre lo que se tiene en la cabeza y lo que ya se ha plasmado en el papel, y para ello se debe estar alerta y ser crítico, sino, puede terminar en otro puerto, o lo que es peor, no llegar a puerto alguno.

Fernando García Monzón

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